viernes, 26 de noviembre de 2010

Adiós a todo (la oficina en doce días)

Día 1

- Greñuda, ¿Ya viste al chico nuevo?
- Sí, hija, dicen que es el sobrino del gerente.
- ¡Qué horror, Susy!, le tuvieron que inventar un puesto, se pasaron.
- Sí pues, chola, ni modo, por eso estamos como estamos, ¿sabes qué es lo peor?, que de hecho bajan las utilidades para el año que viene.
- Ay, ¿tú crees?
- Claro pues, con nuestra chamba le van a pagar a ese mocoso.
- ¡Pucha!, que feo, Su. Y a todo esto, ¿qué dice don Vicente?
- Ese viejo no pinta nada, quien maneja la empresa es Benavente.
- ¿Sí no?, pero bueno pues, ojala y justifique su sueldazo, porque de hecho no baja de cinco mil soles.
- ¿Cinco mil soles?, Ja, estás loca, ese mocoso debe estar ganando sus diez mil, ¡mínimo!
- ¡¿Qué?!
- Como lo oyes, hija; ¡ay!, qué horrible trabajar aquí tantos años sin que me asciendan y encima tener que soportar estas cojudeces.
- ¡Ay, Dios!, y eso es lo que me espera, seguramente.
- Aún estás a tiempo, Clarita. Anda buscándote otra chamba porque aquí sólo asciendes con milagros.
- ¿Tú crees, greñuda?, ¿y ahora?, justo cuando pensaba casarme con mi gordo. ¡Ay y encima se viene Navidad!
- Sí pues, sigue mi consejo, amiga. Bueno, te corto porque está entrando una llamada.
- Okis, te veo en la salida para tomarnos unos heladitos.
- Sí, sí, besos, chau.
- Chau, Su.

Día 2

- ¿Y, Juan Carlos?, ¿cómo va Dieguito?
- Bien, Julito, bien. Aprende rápido tu sobrino, de hecho la inteligencia viene de familia.
- Claro pues, es todo un campeón, como todos los Benavente.
- Por supuesto. Por cierto, Julio; aquí tengo unos documentos que tienes que firmar, son para ‘Inversiones Campos’, parece que el negocio se hace sí o sí; ¡nos vamos para arriba!
- ¿Ah sí?, ¡qué bueno, Juan Carlos!, justo de eso quería hablarte.
- Sí, dime.
- Te quería pedir que dejes todo el tema de ‘Inversiones Campos’ a Diego.
- ¿Cómo?
- ¿Qué?
- Digo, ¿a Diego?, ¿estás seguro?
- ¿Por qué la pregunta?
- No, sino que… me parece un chico muy capaz, pero apenas tiene una semana en la empresa y todavía tiene muchas cosas que aprender.
- Discúlpame, Juan Carlos, pero Diego, por muy joven que sea, ya es licenciado de la de Lima y está totalmente capacitado para ver esos temas. Confío plenamente en él, al igual que en ti.
- Pero, Julito, no es por nada pero yo tengo trabajando aquí ocho años. Está bien, no tengo un título pero mi experiencia me avala y por eso te digo, con todo respeto, que sería un error de tu parte dejarle un tema tan importante a alguien que recién está aprendiendo.
- Y ya que hablamos de respeto, Juan, con todo respeto te digo, que no te estoy pidiendo permiso, te estoy encomendando que dejes ‘Inversiones Campos’ a Diego. Por favor, quiero que hoy mismo se coordine una reunión con los Campos para que sepan que ahora deberán tratar directamente con Diego Benavente. Tú ocúpate de las demás inversiones, estás haciendo un gran trabajo.
- …
- ¿Aló?
- Sí, Julito.
- ¿Qué pasó?
- Nada, está bien, justo ahí viene Diego, voy a hablar con él y de ahí llamo a los Campos. No te preocupes.
- Gracias, Juan Carlos, te pasaste.
- No hay problema, Julito.
- Juan Carlos, verdad, una cosa más.
- Dime.
- Ahora que Diego estará a cargo de ‘Inversiones Campos’, lo cual es un gran porcentaje de lo que hacías, no veo tan necesario que tengas dos secretarias.
- ¿Estás seguro, Julito?, mira que para fiestas la chamba podría crecer.
- Claro, eso lo sé, por eso anda avisándole a una de ellas que sólo podrá estar en la empresa hasta fin de año, para que vaya buscando otra cosa, tú sabes, hay que ser humanos ante todo.
- Y, ¿a cuál de ellas despido, Julito?
- Tú decide, varón. La que tú creas que sea menos buena.
- De acuerdo.
- Con “buena” me refiero a la chamba, no al cuerpo por si acaso, ja, ja, ja.
- Ja, ja.
- Listo, Juan Carlos, cualquier cosa me avisas. Ah, verdad, me mandas un correo con copia a Diego cuando esté coordinada la reunión.
- Perfecto, Julito.
- Ok, nos vemos.
- Chau.

Día 3

- Hola, pa’.
- ¿Cómo te va, campeón?
- Bien, todos son muy buenos conmigo.
- Excelente, y ¿qué tal los Campos?, me imagino que ya sabes la importancia de ese negocio para la empresa.
- Claro, me lo explicó todo mi tío Julio. No hay problema, lo tengo todo controlado. Me costó, sí, un poco de trabajo lidiar con los Campos, tú sabes, son algo difíciles.
- Dilo nomás, hijo, son unos cholos pezuñentos, que por haber hecho plata se creen los dueños del mundo.
- Bueno, sí.
- Sí pues, si no se cagaran tanto en plata te juro que tu tío no haría negocios con ellos, pero bueno pues, son los dueños de Gamarra y La Parada. Caballero nomás.
- Sí.
- ¿Te pasa algo?
- No, nada.
- Te noto raro.
- Bueno…
- Dime.
- Es que…
- ¿Qué pasa, hijo?
- Me siento un poco mal.
- ¿Estás enfermo?, ahorita mismo mando un doctor.
- No, no es eso. No de salud.
- ¿Entonces?
- Es que…
- Carajo, habla.
- Me miran raro.
- ¿Te miran raro?, ¿quiénes?
- Todos.
- Total, ¿no que todos eran buenos contigo?
- Sí, mi tío y las demás gerencias me tratan como a un príncipe.
- ¿Entonces?
- El problema es cuando tengo que tratar con los demás.
- ¿Los demás?
- Tú sabes, secretarias, asistentes, recepcionistas, auxiliares… hasta limpieza.
- ¿Qué?
- Sí, siento que me miran mal. Que hablan a mis espaldas.
- Dame los nombres.
- No pues, pa’. No quiero que me odien más.
- ¿Qué hablas, huevón?, ahí tú eres el nuevo jefe, les guste o no. Tienen que aprender a respetarte sí o sí.
- Pero no quiero que sea de esa forma.
- No hay otra forma. Los subordinados de este país no saben diferenciar entre su nivel y el nuestro, ¿me entiendes?
- Sí. Pero por favor, déjame manejar este tema yo solo. Si veo que se complica, te aviso.
- Bueno, Diego, es en serio. Cualquier cosa nomás me avisas, para hablar con tu tío y se acaba el chiste.
- Ok.
- Bueno, no interrumpo más tu chamba. En la casa conversamos, campeón.
- Ya, pa’.
- No te olvides de lo que hablamos, confío en ti.
- No te preocupes, me entrenaste bien.
- Je, ese es mi campeón.
- Chau pa’.
- Chau, Diego.

Día 4

- Malas noticias.
- ¿Qué pasó, señor?
- ¡Shhh!, ya te dije que hables bajo cuando te llamo y que no me llames “señor”.
- Perdón. Dígame.
- El hijo de puta de Julio Benavente, quiere que bote a una de ustedes dos.
- ¿Qué?
- Sí. Y ya tomé una decisión.
- Por favor, señor, no me despida.
- La vez pasada hablamos de que te podría ir bien en esta empresa si te portas bien conmigo.
- …
- Me rechazaste, como si yo fuera un maldito violador. Cuando lo único que quería era salir contigo y conocerte mejor.
- ¿Y eso a qué viene?
- Tienes una segunda y última oportunidad.
- …
- Si te portas bien conmigo hablaré con Susan. Ya tiene tiempo en la empresa y a la edad que tiene creo que le caería mejor una liquidación jugosa que seguir sentadaza limándose las uñas en la oficina, recibiendo un sueldo miserable. Estoy seguro que ella aceptaría.
- Pero… señor.
- Ya te dije mil veces que me llames Juanca.
- Está bien, Juanca. No sé si esto esté bien.
- ¿Ahora me vas a venir con el discurso de que eres una mujer comprometida?, ya te dije, no te voy a violar, sólo quiero que salgamos y que pase lo que tenga que pasar. No soy un enfermo.
- ¿Si salgo contigo me quedaré en la empresa y Susy se va?
- Claro.
- ¿Sólo una salida?
- ¿Me vas a seguir interrogando?, Susan está a dos cabinas, tú estás a ocho.
- Está bien.
- Perfecto.
- ¿Y voy a seguir trabajando aquí?
- Ya te dije que sí.
- Digo, ¿de… secretaria?
- Eso dependerá.
- ¿De qué?
- De qué tan bien te portes conmigo.
- Entiendo.
- Entonces, ¿decidida?, para hablar con Susan de una vez.
- Está bien. Llámame luego para coordinar la salida.
- Listo, Clarita. Nos vemos luego.
- Okis, chau.
- Chau.

Día 5

Señores:

Ante todo, buenos días. El presente e-mail es para comunicarles las últimas noticias y decisiones de la Gerencia General para con nuestra empresa, “Del Pietro y Asociados”.

Primero: a partir de la fecha se hizo el nombramiento del señor Diego Alonso Benavente Castellares, como Jefe de Inversiones, un puesto que tiene como finalidad el tránsito y finalización de los convenios más importantes con nuestros inversionistas, así como también la supervisión de nuestros proyectos de inversión a corto y mediano plazo. Les pido encarecidamente que apoyen en todo lo que sea posible a nuestro flamante Jefe de Inversiones, para que pueda llevar a cabo sus labores con total naturalidad. La ceremonia de nombramiento se llevará a cabo poco antes de finalizar el año, siendo la fecha un tema aún en discusión.

Segundo: el proyecto de inversión más importante de los últimos años, es decir, el de ‘Inversiones Campos’, ha sido finiquitado con éxito. Todo gracias a la labor de nuestro Sub-Gerente de Inversiones, el señor Juan Carlos González del Carpio, en coordinación con el nuevo Jefe de Inversiones, el señor Diego Alonso Benavente Castellares. Un motivo más para sentirnos orgullosos y satisfechos por este gran logro que, de seguro, rendirá sus frutos el año que viene, con diversos proyectos que generarán más rentabilidad. Felicitaciones. La ceremonia de celebración se llevará a cabo poco antes de finalizar el año, siendo la fecha un tema aún en discusión.

Tercero: la mala noticia es que nuestra querida Susan Paola Sánchez Pérez, secretaria de la Sub-Gerencia de Inversiones, ha decidido renunciar a nuestra organización por motivos personales, después de laborar aquí durante dieciséis años. Susan dejará un recuerdo imborrable en nuestros corazones, cuando al finalizar el año deje de trabajar en “Del Pietro y Asociados”, para emprender sus propios proyectos personales. Desde aquí le deseamos todos los éxitos del mundo y a alistar su gran despedida. La ceremonia de despedida se llevará a cabo poco antes de finalizar el año, siendo la fecha un tema aún en discusión.

Hasta aquí este correo informativo, cualquier consulta al anexo 8787.

Saludos cordiales,

Julio E. Benavente Quintanilla.

Gerente General.

Día 6

- ¿Te puso muchos “peros”?
- Un poco, sí, imagínate, son dieciséis años.
- ¿Qué te dijo?
- Comenzó a tirarle barro a Clara, diciendo que todo el día se la pasa en el teléfono conversando con su novio y que no trabaja bien.
- ¿Y eso es cierto?
- Claro que no, Julito. Tú me conoces, en mi área el que trabaja mal no va, así de simple.
- Me alegro. Aunque creo que sin querer me hiciste caso con eso de lo de “buena”, ja, ja.
- ¿Por qué lo dices?
- Ya pues, no te hagas el huevón. Clarita tiene sus cositas. En cambio Susy ya está más para la otra.
- Ah, ja, ja.
- ¿Qué pasa?, ¿te pusiste serio?
- Para nada, Julito, tú me conoces y sabes que amo a mi familia.
- Sí pues, Mery Anne es una bella persona. Y tus hijos son adorables. Cuidado, no vayas a cometer el error que cometió mi querido hermano. Ya lo ves ahora, esperanzado en Dieguito. Pobre mi sobrino.
- No, para nada. Bueno, con tu permiso, te corto porque tengo que seguir trabajando.
- Ok, cualquier cosa me llamas.
- Listo, Julito.
- Chau.
- Chau.

Día 7
- ¿Greñuda?
- Sí, Clara, ¿en qué te puedo ayudar?
- Leí el e-mail, ¿qué pasó?, ¿por qué renunciaste?
- No te hagas la cojuda, sabes muy bien qué pasó.
- ¿Qué?, no, no, amiga. Dime.
- Me hicieron renunciar.
- ¿Por qué?
- Por qué será pues.
- No te entiendo.
- Mira, ahorita estoy ocupada; tengo que arreglar mil archivos para mañana.
- Ok, ¿más tarde vamos por unos heladitos?
- No puedo, me voy a quedar hasta tarde y luego salgo volando porque es la clausura de Diana.
- Ah, ok. Entonces cuídate.
- Ok, chau.
- Chaucitos.

Día 8

- Sí, don Vicente, dígame.
- Se supone que soy el dueño de la empresa y el último correo no me ha llegado, ¿qué pasó?
- Bueno, disculpe, don Vicente; en este momento se lo reenvío con copia a todos, agregando las disculpas del caso.
- Ese no es el punto, además el e-mail ya lo leí.
- ¿Ah sí?, ¿dígame, quién se lo envió?
- Un tal Diego Benavente.
- Ah, está bien.
- ¿Se puede saber quién es él y por qué tienen el mismo apellido?
- Sí, señor. Diego es mi sobrino. El hijo de Darío, mi hermano.
- ¿Y crees que no lo sé?
- No, don Vicente.
- Mi pregunta va dirigida a otro tema.
- Le explico, don Vicente. Mi sobrino acaba de graduarse en la prestigiosa Universidad de Lima, en Administración de Empresas. Y como Juan Carlos estaba viendo demasiados temas, tomé la decisión de incorporarlo a la empresa, para que lo apoye. Como usted estaba padeciendo una enfermedad, de la que, al parecer y gracias a Dios, se está ya recuperando, no encontré la forma de comunicárselo.
- No es excusa. Como dueño y accionista mayoritario tengo que estar enterado de todo lo que sucede en esta empresa.
- Lo sé, don Vicente. Reitero mis disculpas.
- ¿Y por qué se irá Susan?
- Don Vicente, ¿leyó también esa parte en la que dice que ‘Inversiones Campos’ ya está en la lista de proyectos del año entrante?
- Me interesa un pito. Tengo 85 años y más plata de la que tú harías en cien vidas. Si la empresa quebrara no me importaría tampoco. A mí lo que me importa es que se me respete. ¿Por qué botan y meten gente sin mi autorización?
- Don Vicente, por favor, un poco más de respeto.
- No me hables de respeto. Así esté con un pie en la tumba, quiero que se me informe de hasta quién se tiró un pedo dentro de mi empresa, ¿se entendió?
- Ja, ja, muy buena esa del pedo.
- No era chiste.
- Disculpe.
- Que no se repita, Benavente. Y quiero ver los informes y avances de ese sobrino tuyo, a ver si le rinde a la organización, si es que no es así, se va y tú junto con él.
- Está bien, don Vicente. Discúlpeme por este mal rato…
- …
- ¿Don Vicente?
- …
- Colgó…

Día 9

- ¿Aló?
- Hola, Clarita.
- Hola, ¿en qué te puedo ayudar?
- Ya, no te hagas la formalita. Después de lo de anoche no me quedan dudas de que tomé la decisión correcta.
- …
- ¿Pasa algo?
- ¿Llamaste sólo a decirme eso?
- ¿Qué?, ¿ahora me vas a decir que te sientes mal?
- Sí.
- Y, ¿por qué?
- Por todo.
- A ver, explícame ese “todo”.
- Nada, nunca lo entenderías.
- Lo único que entiendo es que anoche la pasamos súper bien y que ahora te haces la puritana.
- Deja de hablar de lo de anoche, por favor, alguien te puede escuchar.
- No hay nadie por aquí.
- Por aquí, sí.
- Mentira, ya todos se han ido, sólo quedamos tú y yo.
- ¿Por qué no te vas a ver a tu esposa e hijos?
- Por la misma razón por la que tú no vas a ver a tu noviecito.
- No te compares conmigo.
- Comienzas a portarte mal. Ibas muy bien.
- Susan sospecha.
- ¿Qué?
- Sí, ayer me trató horrible, como si supiera que yo…
- ¿Que tú qué?
- Nada…
- No me digas que te sientes culpable.
- No me siento. Sé que lo soy.
- Ja, ja. Estás loca, mujer. Si hay un culpable, ese es el malnacido de Benavente.
- No. No fue Benavente quien se acostó con un cerdo anoche.
- Eso dolió.
- Pues que te duela. Chau.
- ¡Oye, espera!
- ¿Qué más quieres de mí?, ya obtuviste lo que querías, ahora déjame en paz.
- Sólo quería recordarte que aún no llega fin de año. Estoy a tiempo para hablar con Susan y convencerla de que se quede. Entonces tú te irías y adiós a todo.
- …
- Sí, mejor quédate así, calladita y piensa bien las cosas. Ahora sí, te dejo tranquila. Un beso, donde más te guste.
- …

Día 10

- ¿Darío?
- ¿Qué pasó?
- Se fue todo a la mierda.
- ¿Qué dices?
- ¿Te acuerdas que te comenté que hablé con el viejo Vicente?
- Claro, cuando te puteó y todo eso. Sí, claro que me acuerdo.
- Bueno, pues parece que Dieguito nos hizo la jugada.
- ¿Qué?, ¿qué tiene que ver Diego en todo esto?
- Transó con los Campos por su cuenta, dándoles mejores cotizaciones. Luego se reunió en secreto con Vicente. Le entregó sus informes y al parecer el viejo de mierda quedó complacido hasta los huesos. Me acaba de llamar diciendo que Diego es el nuevo Gerente General de la empresa.
- ¡¿Qué?! , ¿de qué chucha hablas?
- ¿De qué chucha hablo?, de que tú hijo nos cagó a todos. Ahora sí se fue todo a la mierda.
- Imposible.
- Sí, me quedé sin trabajo, hermano.
- Ja, ja, ja.
-¿De qué te ríes?
- Mi hijo, ¿el nuevo Gerente General de “Del Pietro y Asociados”?, no lo puedo creer. Sabía que llegaría lejos pero no pensé que lo haría tan pronto.
- Y eso, ¿qué tiene de gracioso?
- Lo gracioso, hermano, es que el mundo da vueltas.
- ¿Qué?
- ¿Recuerdas cuando me botaste del antiguo negocio?
- Claro, tú sabes por qué lo hice.
- No, Julito, no sabes. Porque cuando te rogué para que me vuelvas a considerar me cerraste las puertas.
- Eso fue hace mucho, ¿acaso ahora no te hice el favor de meter a tu afeminado hijo a la empresa?
- Ja, ja, ja, ¿tú crees que soy idiota?
- …
- Aceptaste a Diego porque sabías que Juan Carlos estaba a muy poco de ascender a tu puesto. Creíste que serruchándolo con Diego ibas a mantenerlo ocupado o que, en el peor de los casos, Diego tardaría mucho tiempo en alcanzar tu rango. Te equivocaste feo, hermanito.
- ¿Tú?
- Ja, ja, ja, ahora sí pues, como te gusta decir, “nos fuimos para arriba”.
- ¿Cómo pudiste hacerle eso a tu único hermano?
- Eso también te lo pregunté yo cuando me botaste aquella vez, dejándome en la ruina. Ahora serás tú el que me ruegue a mí.
- No lo puedo creer.
- Créelo. Y ahora anda suplícale a los santos para que puedas estar sin trabajo un muy buen tiempo y no te falte para tus necesidades y gustitos. Sobre todo, sabiendo tus “aficiones”.
- Calla mierda. Te juro que no me voy a quedar de brazos cruzados, me las vas a pagar toditas.
- Esperaré ese día pues, coquero.
- Hijo de puta.
- Nos vemos, hermanito.
- En el tribunal.
- Ja, chau.

Día 11

Señores:

Para informarles los nuevos cambios que se han dado en la empresa.

Primero: que tras el despido del ahora ex gerente general, Julio Enrique Benavente Quintanilla, ha sido promovido el joven y talentoso Diego Alonso Benavente Castellares, quien ahora estará a cargo de la Gerencia General de “Del Pietro y Asociados”. Tenemos la total confianza de que este cambio refrescará los aires de la empresa como una organización expansiva en el mercado y con agresivas estrategias de marketing que de seguro nos darán una mayor rentabilidad.

Segundo: que lamentablemente el negocio con ‘Inversiones Campos’ ha sufrido una momentánea paralización. Los motivos son estrictamente confidenciales. Sólo les podemos asegurar que estamos haciendo todo lo posible para que el proyecto se lleve a cabo en los próximos meses.

Tercero: que tras la abrupta renuncia de la secretaria María Clara Salazar Aburto, se ha logrado convencer a la siempre querida Susan Paola Sánchez Pérez, para renovar con nuestra empresa por cinco años más. Una decisión de que de verdad nos alegra y motiva para seguir cada vez más orgullosos de nuestra organización.

Cuarto: que por el momento, la posición de Jefe de Inversiones ha quedado suspendida, al no encontrarse funciones suficientes como para abrir vacancia. Sin embargo la junta directiva evaluará si dicha posición se reabrirá próximamente, según las exigencias del mercado.

Hasta aquí las noticias sobre los cambios.

Aprovechando para desearles una feliz Navidad y próspero año nuevo, se despiden con afecto,

Don Vicente del Pietro Gallerhi y socios.

Junta Directiva.

Día 12

Hola, Susy:

Supe que te renovaron contrato. Me alegro mucho. En realidad siempre fuiste mejor trabajadora que yo y tú lo sabes. Así que iba a ser injusto que yo me quedara, más aún, sabiendo cómo se dieron las coas.

Aún así quiero que sepas que lo siento mucho. Quisiera tener la valentía de pedirte disculpas frente a frente, como debe ser, pero no puedo. Lo que hice fue tan terrible que ni siquiera puedo mirarme a un espejo sin sentir una inmensa vergüenza.

Quisiera aclarar que no me siento mal por lo que sucedió con Juan Carlos, ya que en eso no me puedes juzgar; lo que día a día me atormenta es haberme coludido con ese infeliz para que tú salieras de la empresa, sabiendo que necesitas el trabajo (como todos, sí). Y perdón que te lo diga de esta manera, pero es lo único por lo que tengo que darte explicaciones.

Por lo demás, te deseo suerte en lo que hagas, pero una cosa si te digo. Acostarte con ese viejo no te llevará a nada bueno, más aún cuando ni siquiera te dan el valor que mereces, cuando piensan que no eres más que un objeto de diversión o entretenimiento. Lo sé, porque ayer me separé de Jorge, no aguanté más y le dije toda la verdad (sí, tonta). Ahora me siento sola y me doy cuenta de que en este mundo existen dos tipos de personas, los que saben lo que vales y los que no. Merezco mi soledad y la miseria que me aguarda. Sólo espero que no te pase lo mismo.

Muchos saludos a Joaquín y a Dianita, y que pasen una feliz navidad.

PD.

Te adjunto el correo que le envié a Juan Carlos. No te equivoques, no es que quiera que me des tu opinión, no quiero incomodarte con mis problemas. Lo que sucede es que no tengo a nadie con quién compartir algo así. Un beso, greñuda (disculpa si aún me creo con el derecho de llamarte así).

Clara.

Hola:

Ya pasaron varias semanas y todavía tengo el amargo sabor de tu lengua en mi cuerpo. Un motivo más para sentir asco de mí misma. Pero no te preocupes, no voy a pasarme la vida entera repudiándote por eso. Sólo quiero que entiendas algo: tarde o temprano, todo vuelve a su sitio. Tú lugar no está ahí, en esa empresa, en ese rango con tanto poder. Tú lugar no está ahí, en esa casa, con esa bella mujer y esos hermosos hijos. Tú lugar debe estar en un sitio más lúgubre, más chabacano y por supuesto más sucio. Como es en realidad tu vida. Un tragicómica historia que se repite a diario. Entre lamer botas y creerte el rey del mundo.

Lo más probable es que te estés preguntando cómo fui tan fuerte como para rechazar tus asquerosas ofertas de empleo, te doy una pista, ¿recuerdas nuestra última conversación?, pues tengo que agradecértelo, ya que mencionaste tres palabritas que probablemente hayan cambiado el rumbo de mi vida.

Así es, Juan Carlos, o debería decir “señor”.

Adiós a todo.

viernes, 25 de junio de 2010

Competencia

No hay cosa que me joda más que competir por una mujer pero por ti compito; y si me preguntas porqué no sabría qué decirte; todo lo que podría soltar serían puras palabras tontas, sin sentido ni fundamento y es que esto del amor tiene sus quiebres mentales y hasta los que más ostentamos inteligencia solemos caer en lo absurdo. Hoy compito por tu amor y no arrugo, sé que estoy en desventaja, sé que tengo todas las de perder, ¿quieres razones?, la principal es la existencia de una perversa diosa llamada “Distancia”, muchos dicen que ni siquiera ella puede, con sus infinitos poderes, hacer algo contra al amor; yo digo que sí, porque ahora no estoy escribiendo canciones, porque ahora soy crudo, porque ahora soy prosa, por eso digo que sí, que esa maligna deidad es tan peligrosa para que el amor se concrete, porque es ella la que impide que pueda darte algo tan demostrativo como un beso, o algo tan sencillo e importante a la vez como ver tu rostro iluminado por la luna. A cambio de eso el hombre ha desarrollado su tecnología, creó cartas, teléfonos y ahora la internet, que es el medio que más utilizamos para saber uno del otro y para suplantar, sin éxito alguno, el siempre ardiente contacto carnal que tanto nos debe estar haciendo falta.

Allá, a lo lejos, hay quienes fueron bendecidos por la diosa “Distancia” y tan sólo están a unos metros de ti; aquellos que tienen la dorada oportunidad de verte a diario, sea en tu centro de estudios, en la calle o en tu misma casa. Aquellos que con tan sólo una llamada pueden programar una cita contigo sin saber que están yendo directo al Olimpo y gratis. Pero, querida amiga, con todo y eso por ti compito. Compito contra aquel muchacho, mucho menor que yo, que ya tuvo alguna vez la oportunidad de tocarte y junto a ti también rozar el cielo. Aquel muchacho al que aún no olvidas por más que intentes hacérmelo creer. Aquel muchacho que, insistentemente, no cesa en sus intentos de recuperarte y volver a sentir esa sensación que de seguro sólo tú eres capaz de hacerle sentir. Aquel muchacho que te postea poemas sacados de conocidas páginas web, y que de hecho no posee muchas de las virtudes que dices te encantan de mí, pero tiene una muy importante: está más cerca que yo. Él puede olerte mientras yo sólo puedo imaginar tu fragancia. Él puede darte un beso en la mejilla mientras yo sueño con el momento de encontrarnos. Finalmente, él puede estar contigo porque de seguro lo extrañas, y porque de seguro todos merecemos una segunda oportunidad. Yo sólo espero la primera, querida amiga, y por eso por ti compito. Por ti compito porque sé que vale la pena hacerlo, porque sé que las millones de cosas que viví me enseñaron a distinguir la belleza de la desgracia, y aunque esto pinte para desgracia sueño con esa belleza y al sueño me aferro como tonto niño enamorado.

Por ti compito y con poemas propios y aunque el resultado salte a la vista del más despistado sólo me queda seguir pensando en que la diosa “Distancia” algún día será buena también conmigo y también contigo. Porque si de algo estoy seguro es que sólo me bastará una chance para hacerte sentir como yo me siento, porque, querida amiga, por algo y por ti compito aunque no hay cosa que me joda más que competir por una mujer, pero por ti compito.

Aunque el rótulo de “perdedor” se note con diafanidad en mi frente calva.

viernes, 30 de abril de 2010

Mi cliente

Llegaste hace cinco minutos y a pesar de que tengo mil cosas que hacer aquí no he dejado de mirarte. No sé si lo notas, creo que estás más concentrado en esperar tu hot dog. Mentí cuando te dije que saldría "en un ratito", esta máquina es lenta y se demora mucho más de lo que mi abuela se demoraría en correr cien metros planos. Viniste, te acercaste a la caja y me enseñaste esa sonrisa tan bella, luego me compraste la oferta, y entonces te mentí. Te quedaste sentado en la sillita, junto a la mesa. Te dije que podía ir dándote la gaseosa y las papitas fritas, tú me sonreíste otra vez y yo casi caigo muerta.

Finalmente te di lo que querías, algo de comida y empezaste a comer desesperadamente. Tenías mucha hambre, ¿no?, seguramente no habías comido desde hacía buen rato, y yo toda estúpida mintiéndote, me merezco la amonestación si te quejas con mi jefe, o si me insultas, o si me gritas. No lo haces, ¿por qué?, ¿por qué eres tan bueno?, ¿por qué me sigues sonriendo cuando te busco la mirada sin ser nada discreta?, eres lindo, tu cabello desordenado, tus anteojos caídos, tu barba irregular, ¿por qué?, ¿por qué eres tan diferente?

La máquina sonó, tu hot dog ya está caliente, listo para que te lo comas con las mismas ansias con las que te veré comerlo. ¿Sabes?, eres lo mejor que ha pasado por esta tienda, no tienes idea de cuántos estúpidos llegan aquí de madrugada, muchos de ellos borrachos o drogados, todos haciéndome de la nada conversaciones que debo de seguir sólo por las cojudas reglas de la empresa. Yo no quiero saber nada de ellos, quiero que todos los clientes sean como tú, así de pacíficos, de lindos, de hambrientos, de cautivadores. Te acercas y yo me sonrojo, me preguntas si siempre trabajo aquí de madrugada, yo te respondo nerviosa que estoy hecha para las amanecidas, creo que la cagué, ¿qué pensarás de mí?, ¿que soy una juerguera?, ¿una "chica de la noche"?, ja, soy una cojuda total. Me pagaste y aunque no tengo mucho sencillo te doy tu vuelto como lo quieres.

¿Ya te vas?, por favor no te vayas, quédate un rato más, ¿sí?, si quieres hago una jugada en el stock y te doy otro hot dog, pero por favor no me dejes.

Cruzas la puerta y veo tu espalda, te vas, te fuiste, eres un cliente más, eres mi cliente, el que se fue, al que no le importo. El que de seguro volverá, aunque sea para comprar.

sábado, 27 de marzo de 2010

Lola y el estafador

Recuerdo cada momento, primero, en el que la vi entrar a mi oficina, con ese sombrerito que dibujaba el nombre de la empresa donde trabajaba. Segundo, el instante en el que me habló, con esa voz ronquita adornada de su dejo provinciano. Tercero, la vez en la que le pedí su teléfono, dudó varios segundos antes de proporcionármelo, finalmente lo hizo, con los ojos cerrados, quizás sabiendo que se trataba de un error más en su corta historia. Cuarto, la salida que tuvimos, la química que experimentamos, el lugar donde nos encontramos y las casi dos horas que la esperé. Y, finalmente, la quinta cosa que recuerdo fue la noche gloriosa que pasamos en el hotel rimense. Se me viene a la cabeza cada cosa que hizo, cada situación que experimenté, creyendo ser yo el que tendría las riendas de un caballo salvaje, definitivamente no fue así. Cada beso y caricia eran suficientes para hacer de la habitación una fortaleza impenetrable, donde no había lugar para las maledicencias, problemas o tensiones que, afuera del hotel, estaban desesperadas por volver a mi alma. Adentro sólo era eterna alegría y pasión, con esas dos cosas puedo vivir más que tranquilo.

¿Estaré enamorado?

¿Qué pasó, Lola?, cuéntame de aquel señor que decía haberte procreado junto a una dama que pocas veces viste en tu vida. Ese señor decía quererte y vaya que lo demostró, se pasó toda la vida criticándote y juzgándote; luego se aprovechó de tu inocencia eterna para abusar de tu propia alma, porque el cuerpo ya no lo soportó, ¿quién era ese hombre?, era tu padre, el mismo que te puso su apellido como un sello de "cancelado", para toda la vida. Nunca pudiste olvidarte de él, nunca pudiste deshacerte de sus hedores, incluso esta noche, en la cual traté de estar lo más limpio posible para complacerte, ni así, ni así te olvidaste de sus aromas, los sentiste pero seguías gimiendo, ¿por qué?, ¿por qué seguiste gimiendo cuando sabías que yo te hacía recordar a él?, me hiciste daño, pero no te lo voy a decir porque el daño que te hicieron es más grave, el mío es una uña rota, el tuyo es casi una muerte en vida. Algo con lo que deambularás siempre, en cada momento, en cada lugar donde estés, siempre habrá algo que te recuerde a ese concha de su madre. Siempre serás mía.

Lola, ¿por qué lloras?, no fue su pene el que penetró tus barreras, entonces vírgenes y púdicas, no, no fue eso, fue algo más horrendo, algo más grande e inolvidable, fueron sus sucios deseos, su alma maligna, su alma de padre. Dicen que ya no lo volviste a ver en mucho tiempo y me dices que yo soy distinto, mentira, te hago recordar a él, en cada cosa que hago, me quedas mirando como una estúpida, y luego te vas al baño, creyendo que no me doy cuenta de lo que haces ahí dentro, lloras y lloras como una cría desconsolada, luego te rescato y no me puedo resistir a tu cuerpo, te hago el amor las veces que la energía me lo permite, contigo casi nunca se me acaban. Entonces terminamos extasiados y nuevamente lo recuerdas. Carajo, ¿es que es tan fuerte la herida?, ¿es que realmente no puedo hacer nada?, la puta madre que parió a ese tipo, y la puta madre que te parió a ti también, porque jamás debí encontrarme contigo, jamás debí notar que existías, porque ahora llevo una carga difícil de manejar, me pesa esa carga, me destruye, me jode, me asfixia, me asfixias.

¿Qué?, ¿no quieres que me vaya?, claro que no, si te gusta esto, te gusta que te la mueva tan bien, te gusta que haga que tus ojos se volteen mientras muerdes la almohada. Gimes como una puta cuando te la meto, eso es porque te gusta, eso es porque hago que aflore tu lado más erótico, lo hago yo y con la ayuda de tu cuerpo, que es casi un imán para mí; ¿por qué, Lola?, ¿por qué me tienes así?, ¿hice algo de malo?, no te quiero ver más. Apenas cruce esa puerta me iré para no regresar nunca, dime lo que quieras, dime lo que se te ocurra, que soy un hijo de puta, que soy igual al hombre que tanto odias, que soy la misma mierda. No me importa. Lo único que me quedará de ti son tus gritos, tu boca, tus senos y tu culo, todo en mi memoria, ya veré qué hago con eso, tú quédate con toda esta mierda, quédate con tus cojudas conclusiones, yo me quedo con lo que vivimos. Lamento profundamente haberte visto después de tanto tiempo.

Total, no me importa que me odies, nunca quise a tu madre, ni a ti.

viernes, 29 de enero de 2010

Informe de un Extraterrestre

Día “X”, de la era contemporánea, Ciudad Modelo de Uzkluz - Planeta Osirion.
Presidente del Departamento Interplanetario de Investigaciones Científicas, DIIC.



Señor: Estimarus Dexaquil.

Presente.

He de dirigirme a usted, honorable presidente, para facilitarle el informe que me solicitó sobre la posible existencia de Criaturas Altamente Agresivas en el Planeta Tierra (CAAPT), no sin antes expresar el orgullo que siento por el honor de ser el primer osirión en pisar el legendario y hermoso “planeta azul”, por lo que agradezco fervorosamente a usted y a aquellos que gestionaron este ambicioso pero histórico proyecto que adelantará muchos pasos a nuestro planeta sobre otros que aún siguen basándose en simples especulaciones científicas. Por ser el presente documento de extrema confidencialidad le ruego no dude en cuestionar los temas que le queden poco claros; he tratado, humildemente, de que el informe sea el más completo posible, tal y como me lo solicitó, pero a diferencia de usted puedo tener errores, por lo que pido apologías de antemano. Continuando con lo indicado procedo a describir mi modesto informe:

1) Sobre los gases ambientales y condiciones de vida: Es sabido, no sólo por los osiriones sino también por la mayoría de planetas de esta galaxia, que el planeta Tierra tiene las mejores condiciones ambientales para generar y conservar todo tipo de Vida Biológicamente Comprobada (VBC). Al llegar con mi nave (modelo: &56plusXX156, invisible a la luz y casi insonora) no tuve problemas en empezar a respirar el aire del planeta, sólo me bastaron 10 segundos de adaptación, en cuanto al sol (el astro rey del sistema planetario propiamente llamado “solar”) comprobé que irradiaba un calor bastante considerable, aproximadamente unos 586 grados Yaks, pero no afectaba de manera severa mi estabilidad corporal ni mi calor interno, por lo que puedo conjeturar a total cabalidad que los osiriones no tendríamos ningún problema en habitar la Tierra.

2) Sobre las condiciones y fertilidad del terreno: Una vez que comprobé la docilidad del aire, procedí a analizar el estado de la tierra, comprobando su fertilidad al sembrar la semilla “gonaz”, brotando apenas a los 3 minutos, mientras que en nuestro amado planeta demora aproximadamente 20. Además de esto pude percibir bastante vegetación alrededor del territorio, lo que conllevaría a conocer diversas especies de flora y fauna que en próximas líneas le detallaré con más extensión.

3) Sobre la flora: Tal y como me fue recomendado utilicé mi traje de invisibilidad e impermeabilidad (modelo: &59plusIII289), para no ser visto por las, entonces, posibles criaturas que propulsan este informe y así evitar estropear la investigación, traje que además serviría de protección ante un cambio climático hostil. Procedí a recorrer la zona a pie, en búsqueda de VBC; ingresé a una suerte de bosque donde detecté diversas variedades de flora, entre ellas árboles en copa (muy similares a los que tenemos en Osirion, a excepción de la coloración verdosa de sus hojas), flores verdaderamente llamativas, ramas, cortezas y abundante pasto natural. Tal y como me fue informado no intenté tocar dicha vegetación por precaución a reacciones fisicoquímicas en el traje, pero a título personal le confieso que mi curiosidad de científico estuvo a punto de traicionarme, mas no lo hice al recordar que de esta investigación puede crecer un fruto grandioso de sabiduría para nuestras futuras generaciones. La conclusión es que la flora en la Tierra es más que prominente y abundante, no descarto la existencia de vegetales alimenticios, lo cual será investigado próximamente con su venia, ya que esta investigación tiene fines distintos según lo que me fue encargado.

4) Sobre el líquido elemento: Tal y como nuestro Departamento Científico lo ha venido especulando, el líquido elemento de la Tierra es el agua; lo comprobé al encontrar un río que atravesaba toda la vegetación, y que alimentaba a dichas VBC. El río se extendía hasta zonas donde mi vista no alcanzaba, pero a lo lejos detecté una especie de desierto, el cual justo colindaba con el quiebre del río. No investigué más sobre el asunto puesto que, insisto, la investigación tiene otros fines, pero no descarto que el agua no sólo sea la fuente de vida de la flora.

5) Sobre la fauna: Las primeras criaturas que encontré fueron unos seres pequeños, poseedores de una larga cola y de cuerpos extremadamente velludos que circulaban entre los árboles con una agilidad impresionante; estos seres hacían ruidos extraños y se alimentaban de las hojas de los árboles, los que a su vez les servían de refugio ante el calor del sol. Según las condiciones de la investigación (véase estatuto 13-A: una vez que el investigador se haya acercado lo suficiente – a criterio del científico - corroborará la agresividad de la especie desactivando su traje de invisibilidad e impermeabilidad por el lapso de 12 segundos; en caso de comprobarse la agresividad el traje deberá ser activado nuevamente en modo escape para evitar daños innecesarios) procedí a desactivar mi traje de invisibilidad e impermeabilidad, al cumplir los 12 segundos comprobé que dicha especie no es la CAAPT a la que se pretende investigar en el presente informe, mas bien se trata de una especie bastante sociable, tanto así que se me acercó y hasta me ofreció un fruto en muestra de bienvenida, el cual no ingerí debido a que prefiero evitar situaciones que puedan obstaculizar la investigación, entonces encendí mi traje y reinicié mi camino. Al continuar mi recorrido logré salir del bosque, llegando a un campo más abierto y con vegetación bastante alta, a lo lejos noté la presencia de seres enormes con grandes orejas y largas narices, las cuales parecían más bien colas. El andar de dichos seres era lento pero a la vez pesado e intimidante, a medida de que se acercaban más a mí me iba convenciendo de que quizás se tratara de las CAAPT que buscaba. Finalmente se detuvieron, me acerqué a poca distancia y desactivé mi traje, al verme no tuvieron muestra de asombro, siguieron ingiriendo vegetación, y en poco tiempo continuaron su camino, ignorándome por completo. No fueron tan amables como los anteriores, pero tampoco mostraron señales de agresividad; conclusión, no eran las especies que buscaba. Me sucedieron situaciones similares en los siguientes encuentros, conociendo seres voladores, cuadrúpedos curiosamente rayados, seres ornamentados extremadamente rápidos, y más especies que no demostraron ser las que estamos investigando. Hasta que me topé con unos seres realmente terroríficos; poseían inmensas garras, sus cuerpos eran enormes y musculosos, su pelaje era del color del sol, sus colmillos eran del tamaño de mi cabeza, y algunos (sospecho que eran los machos) tenían una abultada melena, lo que les daba una impresión aún más intimidante. Luego de una observación de 360 segundos, noté que eran seres bastante hostiles entre ellos. Los cachorros, pequeños y aparentemente inofensivos, parecían jugar a matarse, las hembras los alimentaban de carne de otros seres, y los machos siempre estaban a la guardia, sospecho, de peligros extraños para con la familia. Entonces, señor presidente, experimenté una de las cosas más horrendas a las que me he enfrentado en mi larguísimo recorrido como investigador científico; una de las hembras me descubrió; no la vi porque estaba detrás de mí, hasta que, al sentir su potente calor corporal, mi traje avisó peligro, y viré a observarla, pensando que mi invisibilidad sería útil. No fue así. Al parecer tienen una visión súper desarrollada o un olfato tan perspicaz que pudo detectar mis pocos olores, ya que, como usted bien sabe, me sometí a un tratamiento de rayos Kiyez para no emanar olores fuertes. La hembra emitió un fortísimo sonido y me hizo retroceder hasta tropezar, cayendo al centro de la reunión. Cuando quise poner “modo escape” la manija de control no respondía, mi traje se había averiado, ellos me miraban y yo estaba más que expuesto a perder la vida y con ella todo lo que había investigado. Recordé las clases de “salvación” que usted brindó a nuestra promoción, y traté de no moverme ni emitir sonido alguno. Fue inútil, los extraños seres se acercaban a pasos firmes. Entonces traté de mantener la calma, respiré hondo y simplemente aguardé el desenlace que me habría de tocar. Varios segundos después me vi rodeado por casi 10 seres de la misma especie; entre presuntas hembras, machos y crías. Alguno de los bandos tenía que romper el hielo, aún dudaba si tenía que ser yo el que lo hiciera, finalmente lo hizo el macho, presumo, dominante; era el más grande de todos, el más portentoso, y al que todos respetaban visiblemente. Y he aquí la parte más increíble, dicho inmenso ejemplar me hizo una suerte de reverencia, inclinando su lomo hacia el suelo, seguidamente todos los demás especímenes hicieron lo mismo; me habían aceptado: entonces llegué a dos conclusiones: una, que tengo mucha pero mucha suerte, y dos, que dicha especie no es la CAAPT a la cual estaba avocada esta investigación. En los momentos seguidos compartí con la mencionada especie gratos minutos de mutuo conocimiento, ellos trataban de comunicarse y yo de entenderlos, todo era tranquilidad hasta que, por fin, señor presidente, hizo su aparición la especie altamente agresiva a la que estábamos buscando con tanta dedicación. Su forma era muy parecida a la nuestra, de postura erguida y bípeda, llevaban extrañas armas que empezaron a disparar sin piedad a los seres que, con tanto afán, apenas empezaba a conocer. Empezaron por los cachorros, los más débiles, demostrando en primer impacto su vileza y crueldad, luego, mientras los machos se agrupaban siguieron con las hembras, quienes habían salido en defensa de sus crías; una de ellas logró agredir al inicial agresor, pero al verse acorralado no dudó en sacar un arma punzo cortante, con la cual atravesó sin piedad el pescuezo de su victima, quitándole la vida, demostrando su extrema agresividad. Entonces los machos salieron al ataque, algunos de ellos tuvieron éxito y derribaron varios agresores, pero la mayoría sucumbió ante esas poderosas armas, y uno a uno fueron cayendo. Por mi parte, permanecí inmóvil, absolutamente inmóvil; esperanzándome en que no sería notado. Gracias a mi suerte fue así, pero no pude evitar ver las crueles intenciones de las agresivas criaturas. Quienes tomaron a los cachorros muertos, los metieron en una suerte de saco y se los llevaron para fines desconocidos. La frialdad, vileza, crueldad y agresividad de esta especie, me hace concluir que son la especie altamente agresiva que veníamos investigando. Finalmente, señor presidente, vale la pena recalcar que quedé más que decepcionado, sobre todo porque estos seres parecían más desarrollados que todos los que había visto anteriormente, tenían un sistema de comunicación evidentemente más complejo, y además portaban artefactos que eran una muestra de notable desarrollo y preparación, por lo que no descarto que sea la especie más desarrollada de dicho planeta; por lo que podemos decir como conclusión final, que la Tierra es un planeta con diversas formas de VBC, y la más desarrollada de ellas es, específicamente, la más agresiva y repugnante de todas.

Espero que el presente informe haya satisfecho sus necesidades científicas, y sea este el punto de partida para investigaciones más hondas; estaré siempre a su disposición a la espera de nuevos y fascinantes retos.


Mi vida para la ciencia de Osirión.


Atte.


Uxurus Lonis, Jefe de Departamento de Investigaciones del DIIC.

miércoles, 15 de julio de 2009

La orquesta

Me llaman Julito, en mi casa; pero en la orquesta soy simplemente “Cojulio” o “Mano de palo”; todos piensan que soy tonto, limitado; pero no hay nada más alejado de la realidad. Hay que ser inteligente para tocar las congas, no es nada fácil; merecen especial dedicación y si hay algún instrumento que le pone el toque sensual a la salsa pues esas deben ser las congas. Cuando comencé a tocar a penas llegaba a los dieciocho años y recuerdo esa primera vez como si fuera ayer, o hace un par de horas. Pancho me puso las congas al frente y me dijo “veamos qué tal eres con la tumba, imagínate que son dos grandes nalgas de una enorme y cuerpona vedette, imagínate a la Brambilla o si quieres a la Zulú; si te gustan las negras, eso ya lo ves tú”. Le gusta crear rimas a ese borracho, pero debo reconocer que lo que me dijo me dio valor y comencé a tocar como los dioses. Tan bien toqué esa tarde que Pancho me puso como sobrenombre “Barretito”… con el tiempo el mismo Pancho se encargó de ponerme “Cojulio”, y cuando llegó Fabianito me rebautizó como “Mano de palo”. Me gusta más el último apodo, aunque de verdad preferiría que me llamen Julio, por algo mis viejos, que en paz descansen, no pensaron tanto en ponerme un nombre. Fabianito me cae bien y canta como Frankie Ruíz, es lo mejor que le pudo pasar a la orquesta, aunque Pancho le pone pruebas muy duras de vez en cuando. Debe ser porque a Pancho la vida le pone pruebas muy duras de vez en cuando, también.
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Estoy harto. Estoy harto de todo. Veinte años de mi vida tocando en esta odiosa orquesta y ¿qué he recibido a cambio? Sólo decepciones, sólo chibolos que se creen ricos, sólo viajes interprovinciales en micros viejos. Micros que terminan apestando a sudor. Me pregunto si Willy Colón ha pasado por todo esto, a veces pienso que él y yo sólo tenemos en común el romance con el trombón. Es que tocar el trombón me ha hecho el hombre fuerte que soy, cachetón, poderoso. Las mujeres me aman, por eso sigo soltero a los 43 años, porque todas me aman y no puedo casarme con todas. Willy la tuvo más fácil, en Nueva York, en Puerto Rico, existen mecenas que de verdad aprecian el arte, que de verdad hubiesen apreciado el sabroso viento que emana de mi trombón. Detesto a Pancho, se las da de sabelotodo, se olvida de que lo conozco desde antes que fuera tan “famoso”. El muy hijo de puta cree que todo lo resuelve con plata, siempre que lo amenazo con largarme me dice que hay trombonceros más jóvenes y más baratos. Ya estoy harto, creo que tomaré en cuenta la oferta que me hizo “La Progresiva”, el problema es que me hizo esa oferta hace tres años, no acepté porque nuestra orquesta andaba bien y aún no había llegado el engreído de Fabián. Las orquestas salseras se comenzaron a ir al diablo cuando los vocalistas empezaron a tomar un protagonismo que no merecen. ¿Qué es un vocalista?, pues es lo mismo que un tromboncero, o que un tumbador, o timbalero… la diferencia es que su instrumento es la voz, entonces no sé porqué carajo creen que son lo mejor de la agrupación. Será que Fabián es un chibolo engreído. De repente me estoy haciendo viejo. Pero lo cierto es que imita descaradamente a Frankie Ruíz y los críticos ya se lo han dicho, él dice que no, que no lo imita, que simplemente podría convertirse en su sucesor y nada más. Ayer me compré el disco de Willy que me faltaba, he sacado algunas melodías suyas. Tal vez yo también estoy imitando a Willy después de todo.
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Desde que llegó Fabián he notado que la orquesta se ha dividido. Sí, es guapo, y canta como los dioses, no lo puedo negar, aunque ahora ya nada de eso importa porque lo más probable es que a fin de año se lance como solista. Seguro que nunca recordará a Susana, su corista, la que le hace esos bajos que tantos problemas le causan. Qué se va a acordar de mí si con las justas me saluda, mientras que Javo el tromboncero siempre me ha echado el ojo. Ahora que lo pienso, Javo está cada vez más gordo, o será que, como todos los trompetistas, tiene los cachetes demasiado inflados. No, está gordo, así nunca le haré caso. Desde que llegué a la orquesta me ha seguido ese renegón, hace diez años que está tras mis pasos. A veces llego a mi casa cansada de la orquesta, del trabajo, de él, y de pronto suena el teléfono y escucho su ronca y borrachosa voz. Pero estoy segura de que no es el único. Debe de haber más, siendo la única mujer en la orquesta mi derrier debe ser el más visto. Ya me imagino las caras de bestia que ponen todos cuando me pongo mis minifaldas para las presentaciones en vivo. Pero pueden caer todos, menos Fabián; a veces pienso que es marica. No entiendo a los hombres. En cuanto a Pancho, es el único que ha sido capaz de intentar cosas concretas conmigo, todavía recuerdo esa noche en el hotel, en el festival del Pisco en Ica. Se metió a mi cuarto borracho, me llegó a ver desnuda hasta que me tapé y me dijo que quería casarse conmigo. Cuando está sobrio me dice que por mí sería capaz de cambiar, de dejar todo, me dedica canciones “Sólo por ti” de Frankie Ruíz, o algunas de Paquito Guzmán. Me dice que es capaz de dejar a su mujer. Eso sí no lo creo, está enamorado, el hombre enamorado por bruto que sea no cambia de hueco. Eso lo tengo muy claro. Lo que también tengo claro es que este cuerpo no será de ninguno de estos borrachos. Sigo esperando al hombre que de verdad me enamore, aunque sé que me acerco a los treinta y se me está pasando el tren. En ese tren se va mi juventud.
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Aún no sé qué hacer con toda la plata que voy a ganar. El mundo me estaba esperando y he llegado, por fin llegué. Murió Héctor, murió Celia, murió Compay, murió Frankie y de pronto nací yo, Fabián Rivera del Carpio, hasta nombre de artista tengo. Llegué a esta orquesta hace dos años y el tiempo ha pasado rápido, en ese corto periodo he llenado de plata al cholo gordo de Pancho y ahora me toca a mí. “Mano’e palo” no para de halagarme, y es comprensible, aunque es medio tonto es el que mejor me cae, o debo decir, el que menos mal me cae; tal vez el único que sabe valorar el talento sobre todo lo demás. Y es que la crítica no se equivoca, estoy para grandes cosas, mi bigote, mis ojos verdes, mi piel canela, todo eso encanta, pero lo más importante es cómo canto. Mi voz es capaz de hacer vibrar hasta al viejo más vegetal, hasta al árbol más antiguo. Hasta a la tatarabuela de Javo, que debe estar más enterrada que un miembro viril en el trasero de Susana. Otro como yo no hay. Pero lo peor que me pudo pasar es nacer en este país de mierda. Este país alienado, donde a la gente le gusta más el “pogo” que los concursos de baile. Les gusta más los Beattles que El Gran Combo, gustan más de Bon Jovi que de Ismael Miranda, aman el rock y dicen “oh! Yeah”, pero no son capaces de amar la música latina. Yo pude nacer en Cuba, o en Borinquen. En cualquiera de esos lugares me hubiese sentido mejor. Ahora, con 22 años, siento que ya comienzo a extender las alas. Y viajaré, viajaré mucho, me largaré de aquí apenas pueda y de la orquesta cuanto antes. Dicen que soy soberbio; en el Perú el que sabe que sabe es soberbio, en otros países eso se llama autoestima, en el Perú eso es ser “creído” por eso estamos cagados, porque cuando llega un argentino mirando las cosas desde arriba, el peruano lo mira desde abajo, yo no soy así, soy diferente, yo sé lo que soy y me importa un comino que los demás piensen que soy soberbio porque no firmo un autógrafo o porque digo que seré el sucesor de Frankie. Ayer el concha de su madre de Javo me miró mal, no soporto a ese monstruo, siento su envidia nacer desde lo más profundo de sus entrañas. No soporto a Pancho que cree que me descubrió, y en las entrevistas siempre dice lo mismo: “yo lo descubrí”... Que se vaya a la mierda. Yo me descubrí solo y no cuento los días para salir de este cochino grupo de borrachos y lanzarme por todo lo alto con mi propia orquesta: “Fabián Rivera y su orquesta”, qué bien suena. Y sonará mejor cuando deje de tener una corista tan horrible y chillona como Susana. Cree que todos se mueren por ella, cree que siempre le miro el culo, cree que no me doy cuenta de que me desea a morir, ya quisiera ella un poco de esto, de repente le haría bien para que se quede tranquila. Pero no me voy a arriesgar a que tremenda fea se enamore de mí. ¿Qué dirían mis fans? Sería perjudicial. Ya falta poco, muy poco. Y todo eso se acabará, no volveré a verles las caras y ellos tendrán que alzar la cara cada vez que quieran verme.
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Esta noche habrá show en el festival del Callao y parece que nadie se acuerda. Nadie me mira cuando paso, pareciera que soy un fantasma. Lo cierto es que nadie puede querer a esta orquesta como yo. Esta orquesta me lo ha dado todo, me ha dado vida. Nadie menciona que esta noche debemos parecer más unidos que nunca, aunque no lo seamos. Nadie le avisa a Javo que debe sonreír un poco más. Y nadie el dice a “Barretito” que deje de coquearse tanto antes de salir al escenario. Nadie le ha dicho a Pancho que debe dejar de hacer los movimientos de Jhonny Pacheco, porque en él se veían bien, pero en un cholo no. Nadie le ha avisado a Susana que a pesar de sus demoras en el baño sigue siendo la misma fea y carismática de siempre, sus fans la aman porque es fea, porque es peruana, porque es chola y porque siempre sonríe mostrando sus horrorosos frenillos. A pesar de eso me gusta su voz, pudo llegar lejos la india. Y quién le ha dicho a “Mister Frankie Ruíz” que debe dejar de mandar tantos besos. Si hubiese sabido que era un galán de novela barata entonces lo hubiese mandado a Venezuela hace 10 años para que se junte con otros “galanes” como los hermanos Primera. Todavía recuerdo cuando lo encontré hecho un piraña vendiendo rodajas de piña en la avenida Iquitos. Nunca pensé que podría desarrollar un ego tan grande a pesar de medir 1.60 (hasta en eso tiene todas las de Frankie), pero lo cierto es que Fabián tiene talento, la puta que lo parió debió tener tremendas cuerdas vocales que se estiraban cuando gemía. Pero ninguno de ellos me mira, ¿por qué será?, ¿desconocen acaso quién fue el gestor de todo esto que se llama “Orquesta Positiva del Perú”? a veces pienso que sí, que no saben nada, ni dónde están parados. Hasta algunos piensan que Pancho es el dueño. Cojudos. Si supieran que mis sesenta y dos años en el negocio no son en vano y que mis largos dedos no sólo implican cincuenta abriles de piano sino también trabajo, esfuerzo y dedicación para que todo esto salga adelante. Esa es la desventaja del perfil bajo. Pero de todas maneras prefiero seguir hablando con mi piano, que, finalmente, será el único amigo con el que realmente compartiré todo. Y el único que me hace caso cuando lo toco y suelta un “pin”, o un “pomm”, que me vuelven loco. Seguiré tocando hasta el show, y tocaré en el show también, aunque a veces quiero que el show de la noche sea el último.
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La recaudación en lo que va del año se está yendo en picada. No andamos bien, eso es seguro. Obviamente sacamos más plata concediendo entrevistas, para eso está Fabián, para eso lo acepté en la orquesta, para eso lo descubrí, aunque él lo niegue. Poco me importa haber estudiado en la universidad tantos años, mi pasión es la música, la salsa, siempre soñé con restituir una especie de Fania All Stars en el Perú. Pero eso sería imposible, así como los osos panda, ese nivel de músicos está al borde de la extinción. Con la muerte de Ray Barreto se terminó la gran legión de percusionistas, con el retiro de Blades se acabaron los compositores. La aparición del reaggetón y la traición de los “salseros” newyorkinos al crear la “salsatón” están terminando de sepultar lo que algún día fue la rumba, la conga, la salsa, el son. Todo se está yendo al diablo. Por eso le pongo tanto huevo a mi trabajo, por eso decidí dejar mi carrera universitaria, para dedicarme a esto. Me arriesgué mucho, pasé por cosas horribles, fuertes, detestables. Cualquier otro ser humano no hubiese resistido toda el hambre que pasé. No hubiese soportado las humillaciones, la suciedad, la mierda que llevaba por dentro y que la descargo cada vez que tocamos “La Cura”, o “Un verano en Nueva York”. Esos tiempos sí que eran bravos. Sin embargo tengo una especial atracción por la salsa sensual. Cada vez que Fabián se inspira cual poeta enamorado para cantar alguna canción romántica no puedo evitar mirar a Susana. La deseo desde hace años, sé que no es bonita, pero no puedo evitar soñar con tenerla en mi lecho una noche de luna llena, para convertirme en un lobo y hacerla tan mía que jamás querrá ser de nadie más. Se me hace la difícil la serrana, es obvio, la única mujer de la orquesta, la única vagina entre tantos penes erectos. Esta noche hay show, y ahora tendremos que fingir que todo anda bien. Una noche de salsa para “La Positiva” es prácticamente un teatro, un teatro de nunca acabar, con personajes sacados del más recóndito y repugnante cuento urbano. Ahora que lo pienso bien, amo la salsa, pero ya quiero que termine todo esto. Hay una llamada en mi celular, es la berrinchosa de mi mujer.
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¡Hoy toca “La Positiva” en La Perla! o por lo menos así me lo contó mi vieja. Sigo a la orquesta desde hace diez largos años, adoro a todos, son lo máximo, son tan unidos. Soy de las que piensan que la música sólo suena bien si es que proviene de una agrupación cuajada y donde haya buena onda. “La Positiva” tiene eso y mucho más, por algo se lleva de encuentro a otras orquestuchas de cuarta que andan por ahí tocando salsatón. Admiro a todos, en especial a Fabián, es mi ídolo, lo amo, siento que lo amo, y ya no puedo ocultar más el sentimiento. Mi vieja casi lloró cuando lo vio por primera vez, fue en la TV hace poco más de un año, “Frankie!, Frankie!, está vivo! Cindy ven a ver!” gritaba descontroladamente, yo me desesperé, no he escuchado mucho a Frankie, pero las pocas canciones que escuché me encantaron. De pronto escucho a Fabián y comprendo más que nunca a mi querida vieja. Es un amor de hombre, además de guapo con una gran voz. A mi tía Patty le gusta el tromboncero, “sus cachetes son adorables” suele decir. A Sandra, mi amiga de la universidad, le encanta el tumbador, cree que en su estilo serio es muy atractivo, y así, sucesivamente, todos tienen fans, todos son un gran equipo musical, eso es, equipo musical. En un periódico chicha leí que había problemas al interior de la agrupación, yo no lo creo, son todos tan buenos, Fabián es tan sencillo y el dueño de la orquesta es un mate de la risa, siempre moviéndose, siempre haciendo ademanes graciosos, debe ser el hombre más afortunado del mundo, encima de tener una orquesta, él la dirige. Estoy pensando en hacer un club de fans, hasta ahora a nadie se le ha ocurrido, no sé por qué. Será porque somos alienados, porque hay clubes de fans hasta para los grupos extranjeros más monses. Pero yo crearé un club de fans para “La Positiva”, ya verán todos esos alienados. Se va a llenar el club, además la orquesta es tan sólida que va a seguir cumpliendo años. Seguro, por su calor humano, durará toda la vida.

lunes, 13 de julio de 2009

El hombre que nunca tuvo sexo

Cuando José Luis Pajuelo Pajares se vio en aquella cama de hotel, completamente desnudo, paralizado hasta los huesos y erecto hasta el techo, se dio cuenta de que no sabía qué hacer. Se puso a pensar en las miles de veces que visitó aquel puesto en Polvos Azules, en busca de una buena porno para comenzar sus largas jornadas masturbatorias. Se puso a pensar en las tantas madrugadas en las que no soñó por seguir manchando sus manos, calzoncillo, pantalón y sábanas. Se puso a pensar en tantas reuniones sociales que despreció sólo por seguir alucinándose a su culona compañera de clase, la que dicho sea de paso movió incompasivamente su enorme culo en esas reuniones a las que José faltó.

Finalmente, antes de que aquella puta de invierno se sentara en su alterado miembro viril, José empezó a remembrar el porqué de las cosas desde el comienzo. El porqué de su actual comportamiento, el porqué es así, como es, tan excitable, tan arrecho, tan fácil. El porqué de que, después 34 años de larga espera, decidió contratar a una curtida y deslucida prostituta de la Plaza Manco Cápac. Recordó y recordó, y en cuestión de segundos armó un enorme y complicado rompecabezas.

Desde muy chico José empezó a explorar las virtudes del auto-placer. Cuando tenía diez años gustaba de enseñar su pequeño pene a sus compañeras de clase, quienes se mofaban sin piedad; tal muestra de supuesta virilidad hacía que José se sintiera más hombre que el resto, y se ganó cierto respeto entre sus compañeros. Las cosas no cambiaron nada y llegó la secundaria. Mientras algunos ya pensaban en condones y píldoras anticonceptivas, José seguía mostrando su pene, enamorado de sus propias perversiones, pero cada vez más rechazado por su troglodita prerrogativa. Tenía 13 años cuando Úrsula de la Quintana no dudó en decirle algo que le marcaría la vida. Pero antes José recordó quién era aquella bella niña de los ojos saltones y de los labios mamones. Llegó a su escuela cuando cursaban primero de secundaria y todos los machos cabríos se morían por sus movimientos pélvicos. Todo era sexo, todo era eso, y José no estaba exento de tal comportamiento animal. No dudó en enseñarle el pene la primera vez que fue a clase. En esa ocasión Úrsula viró su rostro hacia otro lado, mientras medio salón se carcajeaba, algunos ya por compromiso. Varias mujeres lo habían hecho antes, habían volteado la cara al ver a Pajuelo mostrar sus partes íntimas, pero a José jamás le había dolido tanto ese tipo de actitud. Y vaya que le dolió: se acercó a ella con sigilosa maña, le agarró la mano derecha y se la aferró al pene, Úrsula lo escupió, dejándole la cara absolutamente pegajosa y hasta con una tonalidad verdosa producto de la gripe que experimentaba. El salón se echó a reír, y José fue llevado por milésima vez a la dirección.

Ya en aquel oscuro rincón del colegio las ventanas abiertas no amilanaban su sudor. Había sido advertido una y otra vez sobre esos comportamientos. Pero José tenía un padre relativamente adinerado en el distrito y era muy difícil que lo echaran, mas no estaba exonerado de llamadas de atención y suspensiones fortuitas. Sin embargo aquella vez era diferente, su propio padre, al enterarse de su nuevo acto de impudicia, sugirió que sea expulsado, acotando que no gastaría un centavo en ponerlo en un nuevo colegio, lo que implicaría perder un año escolar y con él diversas experiencias de las que José no quería ser marginado. El director ya firmaba la carta de expulsión, cuando súbitamente alguien tocó la puerta de vidrio con desesperación. Era ella, era Úrsula. Había llegado corriendo desde su salón, motivada por un intento de salvación que José no olvidaría jamás – “yo fui quien le tocó el pene, señor director, si va a expulsar a alguien le ruego me expulse a mí” – tal acto era incomprendido por todos los presentes, profesores, auxiliares, el director y el mismo José; todos atónitos, petrificados. José se volvió a salvar de una expulsión segura y Úrsula pagaría el precio de su heroísmo al ser cruelmente bautizada como Úrsula “de la Pingana”.

Luego de varios meses de incertidumbre, José se acercó a Úrsula para agradecerle, lo había pensado muchas veces mientras estaba solo, y finalmente se había decidido a dar ese importante paso, para fomentar una buena relación con su redentora. Las gracias habían llegado tarde, Úrsula ya odiaba a José. Entonces todo volvió a irse a la mierda. José volvió a ser el de siempre, mostrando su pene a diestra y siniestra, quizás con más cuidado para no ser descubierto pero con la misma mirada impúdica e insaciable. Ya estaban en cuarto de secundaria. Entonces Úrsula, ya más desarrollada y recorrida, habló y habló para siempre dentro de la mente de José, diciéndole una frase simple pero enterradora, completamente lapidaria, absolutamente acertada, cual rayo divino del mismo Zeus: “tu pene ya aburre”.

Las risas y mofas se contaban en cantidades de mayorista. Prácticamente todo el colegio, alumnos de otros grados, y hasta profesores, se acercaron a José sólo para tener el placer de burlarse de aquel odioso muchacho que les había hecho la vida tan difícil durante tantos años. Nadie se imaginaba que la vida de José cambiaría para siempre. Desde ese día asistía a las clases, no hablaba con nadie, abría sus libros, apuntaba lo que quería apuntar, y luego se marchaba a casa sin mencionar palabra alguna. Al llegar a su hogar encontraba la soledad que más lo atormentaba pero de la que termino enamorándose. Fue entonces cuando tomó un periódico chicha, buscó la página central, avizoró a una voluptuosa vedette y empezó a masturbarse sin piedad, como si odiara aquel pene que con tanto ahínco había mostrado en sus años escolares. Cuando experimentó su primer orgasmo la sensación fue cataclísmica pero acogedora; José había descubierto que el placer no sólo se podía encontrar en una peluda y apestosa vagina, sino también en la calidez de sus manos. Sin embargo, a pesar de ese importante hallazgo, José se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en Úrsula, las dudas circundaban en su mente: ¿por qué lo ayudó?, ¿por qué lo salvó?, ¿por qué no lo cagó?; luego pensaba en su rostro lívido, en su voz ronquita, en su cadencia, en su cuerpo, y en su magnética forma de ser, lo que la había llenado de amigos y amigas a pesar de su inenarrable apelativo de “la Pingana”. La respuesta era simple, José se había enamorado.

Guardó celosamente ese amor durante un año más, hasta que, finalmente, llegaría aquel viaje de promoción que tantos esperaban para dar paso a su hombría sexual. A pesar de la voceada relación entre Úrsula y un compañero de clase, José preparó fríamente un plan que lo haría tener un buen lapso de 15 minutos con ella, en el pasillo del hotel cusqueño. Pajuelo tenía cerebro, vaya que sí. Le pagó 50 soles a otra compañera para que distraiga al novio, y justo cuando él lo planeaba Úrsula había salido bien bañada de su habitación para dirigirse al lobby, donde todos los demás aguardaban. José la interceptó, mientras en otro pasillo, la pagada compañera y el novio sostenían un intercambio de fluidos. Él no esperó mucho: “¿por qué me salvaste ese día?” – “¿qué haces aquí?” – “dime, ¿por qué me salvaste?, ¿te gustaba?” – “oye me están esperando abajo, no me jodas ahora, ¿para eso viniste?, pensé que viajar te haría bien, baja y tírate una chola, pero a mí no me jodas” – “a mí siempre me gustaste, te amo” – un silencio sepulcral devino de aquel pasillo; entonces se escuchó un fuerte gemido, el instinto de Úrsula entró en acción, apartó a José del camino, corriendo a 50 kilómetros por hora, llegó a un pasillo aledaño, era su amado novio, era la pagada compañera, se habían demorado más de lo previsto. Lo siguiente fue lo usual, Úrsula no quiso salir de su cuarto hasta que regresaran a Lima. Toda la promoción se enteró del suceso, pero fieles al egoísmo adolescente el alboroto duró poco y todos salieron a una discoteca. José volvió a quedarse a la expectativa. A las 2 de la mañana tocó su puerta, y escuchó un fuerte “¡lárgate!”, ella sabía que era él. José no respondía, se quedó sentado en la puerta como un perro aguardando a su compañera en celo. La paciencia dio sus frutos y Úrsula abrió la puerta; entonces José vio sus sueños haciéndose realidad pero siempre en su utópica cabeza, se imaginó en fracción de segundos haciéndole el amor a su musa, hasta que el sol salga, hasta que los demás vengan y los encuentren desnudos en la cama; las ilusiones son fáciles de desvanecerse y Úrsula lo hizo rápido: lo abrazó casi media hora, mientras mojaba sus hombros con sus lágrimas, e indirectamente su calzoncillo amarillo, entonces otras palabras inolvidables provinieron de sus sensuales labios, José no las olvidaría jamás: “Yo sé que tú eres diferente, pero no lo has demostrado, te salvé porque quería que todos sepan que hasta alguien como tú puede cambiar su forma de comportarse, pero ni siquiera lo agradeciste, sólo seguiste con tus huevadas, a mí me cagaron, pero siempre supe que eras diferente, en realidad eres diferente, sólo tienes que demostrarlo; enamórate de verdad, pero empieza por ti, limpia los cayos de tus manos y verás cómo cambia tu vida; hoy la mía cambió, José, pero de aquí a unos años veremos para qué lado, ahora márchate a tu cuarto, con tu silencio bastará para saber que me entendiste, vete, vete ya”; entonces se le cayó el cigarro de la boca y aterrizó justo en su entrepierna; las llamas perforaron rápidamente su blue jean y quemaron gran parte de sus células dejándole una fea herida en la ingle. José se sentía peor, pero atinó a quedarse callado mientras Úrsula lo seguía largando. Finalmente se fue.

Al año siguiente Pajuelo se enteró de que Úrsula se había mudado lejos. Su padre fue despedido de la empresa donde laboraba y tuvieron que pasar todas sus cosas de clase media a un humilde pueblo joven en el cono norte. Aunque trató de ubicarla levemente, no pudo y siguió su vida. Desde aquel día en Cusco José se prometió a sí mismo masturbarse hasta que encuentre a una mujer como Úrsula. Llegó la universidad y con ella millones de oportunidades para acontecer su primera vez, pero siempre se negaba asistir a reuniones donde sabía que más de una fácil lo estaría aguardando en la cama por un par de tragos. Sus manos se volvieron duras y temblorosas, así acabó la universidad, casi sufriendo de una suerte de mal de Parkinson, provocado por su exceso de paja. Se había vuelto un coleccionista de películas porno, tenía en su arsenal casi 300 películas anglosajonas, 150 brasileñas; 50 europeas, 30 asiáticas, 20 africanas y unas 10 de peruanas calentonas que se había bajado vía Internet. Además ostentaba una portentosa muñeca inflable de 300 dólares que había adquirido por e-bay. José ya había conseguido estabilidad en su trabajo, ganaba relativamente bien, y sus familiares y amigos, extrañados por no verlo casi nunca con ninguna chica – salvo sus esporádicas amigas consejeras -, le preguntaban siempre de manera odiosa sobre el futuro de su vida sentimental. José siempre se debatía entre mandarlos a la concha de su madre o decirles que “pronto habrán sorpresas”; casi siempre ganaba lo segundo, pero la sucesión de Úrsula simplemente no aparecía. Entonces decidió volver a buscar a la misma Úrsula de la Quintana, aquella niña que lo salvó de una expulsión segura, aquella niña que lo cagó con una sola frase, y que finalmente acabó enamorándolo con una brutal naturalidad. La búsqueda fue en vano, lo intentó por todos los medios, Hi-5, Facebook, pero no había rastro suyo. José sabía que sólo podía hacer una cosa, seguir esperando y seguir masturbándose.

De pronto algo volvió a cambiar el rumbo de sus rieles, nada menos que una visita a una feria del libro. Había visto a un grupo de jóvenes, casi adolescentes, amontonados y almidonados alrededor de un tomo que José nunca antes había divisado. Era un libro llamado “Diario de una puta”; no dudó en comprárselo, lo leyó, lo releyó, lo analizó y lo plasmó en su desdichada realidad. En el libro se narraban las experiencias de una prostituta londinense, quien confesaba haber desvirgado a un maduro empresario. La experiencia fue hermosamente narrada, tan hermosamente que José se sintió aquel empresario, y una noche, sin pensarlo dos veces, prendió su Nissan Sentra y salió en busca de un buen burdel donde quizás podría encontrar algo interesante. Lo encontró, era poco lujoso pero higiénico. Las mujeres le resultaron atractivas, cómo no ser así si tenía más de un tercio de siglo esperando su primera eyaculación en sedes femeninas. Emmy se acercó a él y le propuso una buena noche en un hotel cercano. Ella era alta y bien torneada, cabello negro azabache y piel canela, una combinación perfecta que daba lugar a una impresionante sensualidad. En primera instancia José no dudo en asentar la cabeza, pero fue cuando Emmy se sentó a su lado y miró sus ojos cuando supo que no era lo que él estaba buscando; al mirar a su alrededor se dio cuenta de que no había realmente nada parecido a su mítica Úrsula, sí, finalmente la seguía buscando después de todo.

Salió del night club, subió a su auto y emprendió un camino sin rumbo aparente. Su desolación lo iba llevando poco a poco a los suburbios de Lima, y en La Victoria, empezó a rondar casi automáticamente la plaza Manco Cápac. Detuvo su auto en una esquina y se le acercaron 8 prostitutas ofreciéndole todo tipo de servicios y precios. Una de ellas no se había acercado, miraba con extrañeza el auto y a su dueño, tenía el pelo pintado, y mechones azules que tapaban su rostro, dándole cierto toque de misterio. Vestía un corsé al estilo medieval, pero sin vestido que lo cubriera, tacos 9, y un enorme collar de perlas que parecían verdaderas; José la señaló, ella lo miró, se acercó, y subió a su auto. Al llegar al hotel casi no habían intercambiado palabras, José se mostró tímido, e increíblemente la puta también. A pesar del horrible frío que acontecía en ese invierno, ella no llevaba más ropa que su corsé. José se agarró de esa utilizadísima excusa del “clima” para dar inicio a su conversación: “¿no te da frío usar sólo eso?” – “¿a ti no te da calor ese saco?, pero igual lo usas” – “tiene lógica pero no has respondido mi pregunta” – “¿vamos a jugar a los capciosos o vamos a tirar?, mejor nos apuramos porque se te va la hora” – “pagaré el tiempo que te quedes, no te preocupes” – “¿y tú cómo sabes que me quiero quedar contigo?” – “es tu trabajo, ¿no?” – “mi trabajo es tirar con los que me paguen, pero yo elijo con quién hacerlo” – José se quedó en silencio y decidió no ofuscarla más, ella estaba notoriamente enfurecida, las razones podrían sobrar, él no las indagó y prefirió ser testigo de su desnudez. Empezó a recordar, y terminó de hacerlo, ya estaba desnudo, erecto y completamente excitado, la puta estaba casi encima de él, se sentó en él y finalmente pensó estar en el cielo que él tanto esperaba. Por alguna razón eligió a esa puta anónima, él no sabía esa razón pero la sensación era exquisita, como la de cumplir un sueño de años. En pleno acto sexual, José empezó a tocar todo el cuerpo de la meretriz, hasta que llegó a la zona vaginal, abriéndose paso entre sus ingles para ver mejor los resultados de su larga espera. Cuando de pronto tocó una superficie rugosa que hizo saltar a la mujerzuela, escapándose de su placentero estado – “No toques ahí” – dijo con voz energúmena y temerosa; José observó con atención, era una cicatriz de quemadura, era redonda y pequeña, como la que provocaría un cigarrillo inclemente. Luego de 15 minutos exactos de silencio, José se levantó de la cama, se vistió, abrió la puerta y antes de irse mencionó: “te estuve esperando en vano, ya no tengo porqué cambiar”; una lágrima rodeaba su mejilla izquierda, sacó su billetera, tiro al suelo cincuenta soles, cerró la puerta, abandonó el hotel, subió a su auto y se marchó a casa. El hotel se llamaba “Sueños”, y tenía 2 solitarias estrellas al costado.